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26
Ago

SIMÓN ITURRI PATIÑO

Escrito por SANTIVAÑEZ on 26 Agosto 2011.

SIMON I PATIÑO(Santiváñez, Cochabamba, 1860 - Buenos Aires, 1947) Empresario minero boliviano que fue uno de los grandes barones del estaño y probablemente la figura más destacada en el ámbito de las grandes compañías mineras que dominaron la economía boliviana durante buena parte del siglo XX.

 

De origen humilde, Simón Iturri Patiño comenzó su actividad laboral en 1883 como empleado de una casa comercial de la localidad de Cochabamba. Años más tarde, en 1894, se trasladó a Oruro para incorporarse a la empresa Germán Fricke y Cía., que se hallaba en aquel momento en plena expansión.

 

ANTECEDENTES BIOGRÁFICOS DE SIMÓN ITURRI PATIÑO

 

Sus padres, de origen vasco él, e hija de una reconocida familia de Cochabamba ella, le pusieron el nombre de Simón por haber nacido el primero de junio, día de San Simón.

 

Cuando apenas tenía ocho años de edad, se trasladan desde el pequeño pueblo de Caraza –hoy Santivañez- a la capital del Departamento, Cochabamba, ingresándolo en una escuela religiosa, completando allí su formación secundaria en el seminario de dicha ciudad.

 

Su primer empleo conocido, entre 1882 y 1884, fue como vendedor de un humilde negocio de importaciones establecido en Oruro (2) por un empresario cochabambino.

 

Desde Oruro se traslada a Huanchaca, centro minero de Pulacayo, donde trabajó como administrativo. Tras volver a Cochabamba y Oruro nuevamente, Patiño consiguió un empleo en la firma comercial de Hermann Fricke y Cia. Es allí donde comienza a aprender sobre los mecanismos de compra, manipulado, venta y exportación de minerales.

 

En 1889, ya con 29 años, Patiño se casa con Albina Rodríguez, de apenas 16 años, con quien tendrá siete hijos, de los cuales sobrevivieron cinco, entre ellos un varón, Antenor Patiño. Meses después, reincorporados al trabajo en la Compañía Fricke, conoce a Sergio Oporto, minero de origen potosino, quien explotaba pobremente una mina que había pertenecido a un francés y que vendía sus minerales a Fricke, recibiendo adelantos de la firma contra futuras entregas.

 

Oporto resultó ser el dueño de la mina “La Salvadora” (3), ubicada en la montaña Juan del Valle, más tarde rebautizada como Cerro Espíritu Santo.

 

SIMÓN I. PATIÑO

 

Su interés por la actividad minera se despertó en aquellos años y, en 1895, estableció una sociedad con los responsables de la mina La Salvadora. Este yacimiento, situado en el departamento de Potosí, en el cerro Llallagua, se convirtió en 1900 en una de las reservas de estaño más importantes del mundo al descubrirse en su interior una gran veta.

 

Con su habitual lucidez empresarial, pudo ver que la hora de la fortuna le había llegado: se estableció en Oruro, fundó el Banco Mercantil, y durante la primera década del siglo su fortuna creció hasta límites inimaginables. Adquirió otras minas de los alrededores, como Catavi-Siglo XX, Uncía y Huanuni, con lo que consolidó el complejo minero más importante del país.

 

En la década de 1920 la expansión de su poderío económico era imparable: consolidó su fortuna y emprendió la modernización de sus minas, cuyo número e importancia no dejaban de aumentar. En 1924 compró a sus socios chilenos el total de las acciones de Compañía Minera de Llallagua, lo que le convirtió en el único propietario de dicho centro minero. De inmediato procedió a fusionar en Estados Unidos sus propiedades de Uncía y Llallagua, y creó The Patiño Mines and Enterprises Consolidated Incorporated (PMECI).

 

Hacia 1925 fijó su residencia, alternativamente, en París y Nueva York, y sus intereses económicos se transnacionalizaron, fijando la sede legal de su empresa en Estados Unidos. Fue uno de los socios fundadores de El Diario de la ciudad de La Paz, periódico cuya publicación continua vigente. Proporcionó en 1930 al gobierno boliviano un empréstito patriótico de 326.000 dólares para que financiar los gastos que le suponía su conflicto con Paraguay sobre los territorios del Chaco. Adquirió propiedades, empresas y yacimientos mineros en América del Norte, Europa, Asia, África y Oceanía.

 

Sin duda, Simón I. Patiño es uno de los personajes más importantes de la historia boliviana del siglo XX. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial controlaba gran parte del mercado mundial del estaño, y su inmensa fortuna personal le colocó, en la década de 1940, en la lista de los hombres más ricos del mundo. Murió en Buenos Aires, en 1947, a los 86 años de edad.

 

OTRA VERSION

 

Simón I. Patiño nació el 1° de junio de 1860 en el Departamento de Cochabamba. Tras una experiencia comercial se trasladó a Oruro, un importante centro minero boliviano, cuando la explotación de la plata estaba en su punto culminante.

Simón I. Patiño captó muy pronto que los yacimientos de plata se estaban agotando y, presintiendo cuáles serían las próximas necesidades de la industria, se puso en busca de otros filones, y en particular de estaño.

 

Tras varios años de arduas búsquedas, aislado en la montaña con su esposa, sus tenaces esfuerzos tuvieron éxito y descubrió uno de los principales yacimientos de estaño conocidos.

 

De ahí en adelante empezó a dar rienda suelta a su genial sentido de la organización. En pocos años hizo de su mina la más importante del país, explotándola con las técnicas más modernas bajo la dirección de los mejores ingenieros extranjeros.

 

A continuación Simón I. Patiño extiende rápidamente su campo de acción a otras minas y diversifica sus actividades. Crea un banco, comercializa él mismo su mineral, y abre fundiciones.

 

Simultáneamente, realiza inversiones en yacimientos mineros en Malasia, Canadá, etc. A fines de los años 30, más del 60% de la producción mundial de estaño era tratada en sus fundiciones.

 

En 1912 se instala en Europa con su familia. En 1924, durante una visita a Bolivia, sufre un grave ataque al corazón tras el cual le resultará imposible regresar a Bolivia debido a la gran altitud del país.

 

Sin embargo,  apoyo a Bolivia durante la guerra del Chaco y fue un industrial que creo miles de empleos  para sus compatriotas. En 1931, erigió la Fundación que lleva su nombre con el fin de formar técnicos bolivianos.

En 1939 se marcha de Europa y se establece en Nueva York. Hacia el final de su vida se afinca en Argentina, para estar más cerca de su país.

 

Patiño demostró ser uno de los empresarios bolivianos con mayor sentido solidario, apoyo a las causas democráticas durante las guerras mundiales. Alcanzó el éxito gracias a su gran capacidad de trabajo,  perseverancia y sentido patriótico.

 

Muere en Buenos Aires el 20 de abril de 1947.

 
 
 

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